Una mujer desesperada le dice al rabino:
 - Ya no sé qué hacer. Mis cinco hijos y yo vivimos apretujados en una vivienda de una sola habitación, una cocina minúscula y el baño lo compartimos con el resto de los vecinos del edificio.
 - ¿Tienes cabra? - pregunta el rabino.
 - Sí- responde intrigada y confundida a la vez la mujer.
 - Pues métela en la habitación.
 - Pero ¿cómo vamos a vivir así?  - le replica la mujer.
 - Haz lo que te digo- insiste el rabino.
 La mujer obedece, pero al poco tiempo vuelve ante el rabino con la siguiente queja:
 - Rabino, con la cabra, la cosa es imposible. Nuestra vida es infernal.
 - Saca la cabra- le dice el rabino.
 Ocho días después, la mujer regresa al encuentro del rabino y agradecida le dice:
- No sabe qué a gusto vivimos ahora.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
La Tasa de Alumbrado Público.
El Gobierno del FA proyectó y finalmente consumó un importante aumento de la Tasa de Alumbrado, esa que pagamos en el recibo de UTE. Tan importante resultó el aumento que en muchos casos se multiplicó por 5.  Poco valieron las advertencias, las protestas y las quejas o por lo menos eso creíamos.

Ahora, el Ejecutivo Departamental analiza disponer antojadizamente de rebajas puntuales a la Tasa, desconociendo las formas legales que prohíben esto. Al estilo Mujica, aplican lo de “lo político por encima de lo legal”. No debería el Intendente apuntar con el dedo y disponer rebajas o quitas a su antojo. La disposición está fijada por el Presupuesto y para cambiarla se debe hacer mediante una modificación presupuestal. Alguien debería advertirle al señor Intendente que este tipo de acciones finalizan convirtiéndose en un abuso de funciones.

Como el rabino del cuento, para conseguir mejorar la situación sin esfuerzo, una forma facilonga, es, agravar artificialmente - y no tan artificialmente - la situación para luego aliviarla.

Al estilo del Príncipe de Lampedusa, se cambia algo para que todo siga igual. En su obra El Gatopardo - que crea y da contenido al vocablo - define al político gatopardista como; alguien que se asume como un maestro de ajedrez que sabe, siempre, que pieza entregar para no perder la partida.

Una suerte de pase mágico, que busca evitar la mirada a la pobre gestión, haciendo foco en un artilugio provocado con el fin de mostrarse sensible, competente y aplacar la clientela de acólitos, pero solo a estos.

 

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