campo
Tere Creciente
19 de enero de 2016 •

No soy muy de escribir sobre estas cosas pero en esta oportunidad me toca tan de cerca que me parece importante comentar algunas cosas. Lo primero es aclarar que si bien me voy a referir a la protesta de los productores esto no tiene nada que ver con ideologías partidarias como se pretende hacer creer. Tiene que ver con una realidad que muchos desconocen, pero sobre la que todos opinan.

Si bien no me desempeño realizando tareas en el medio rural crecí en el campo y viví ahí hasta que me mudé a Montevideo para continuar mis estudios. Eso me ha permitido ver cómo ven los citadinos al campo, pero sobre todas las cosas cómo es realmente vivir ahí y tratar de salir adelante en ese medio.


Importa entender que no podemos generalizar porque siempre vamos a llegar a conclusiones equivocadas. Como en todos los rubros en el campo también hay grandes, pequeñas y medianas empresas, y es fundamentalmente por las dos últimas que me tomé un tiempo para escribir esto. No estamos hablando de grandes estancias, con decenas de empleados ni nada por el estilo. Hablo de muchos productores con predios no muy grandes comprados con el esfuerzo de una generación tras otra que decidieron continuar la tarea, o muchas veces arrendados al Instituto Nacional de Colonización.
Y hablo porque lo que mucha gente no entiende es que el productor no se queja, no porque sea un canario bruto que no se da cuenta de nada, ni un terrateniente que tiene tanta plata que nada le importa. No se queja porque está trabajando. Porque a diferencias de muchos no tiene tiempo para estar todo el día en el Facebook, comentando las noticias en los diarios, saliendo en la prensa y respondiendo a todas las boludeces que se dicen porque hablar es gratis.

Algunas de las frases más trilladas son las que refieren a las camionetas de los productores, lo que a los citadinos les encanta llamar las 4 x 4. Y me detengo en esto porque me parece que esas frases resumen de un modo aberrante la ignorancia del que habla.


Estaría bueno que supieran que quien nace y se cría en el campo inserto en las tareas rurales empieza a trabajar desde muy, muy pequeño. Mientras tu hijo juega en el play y mira la tele los niños del campo están ayudando a sus padres en sus tareas. Mientras tu hijo sigue jugando porque todavía es un adolescente el joven rural ya realiza todas las tareas propias de su medio, a veces con sus padres, a veces ya para otros, porque los recursos no dan y él necesita dinero para sus gastos. Probablemente a la edad en que puede sacar la libreta ya tenga dinero para una moto porque -no te olvides- ya hace muchos años que trabaja. Tal vez solo o en compañía de una pareja decida continuar el emprendimiento de sus padres o comenzar el suyo propio. Capaz alguien de la familia le presta el campo, se lo dejan pagar con lo que va produciendo, le sale de garantía en un préstamo, o le arrienda alguna fracción al INC.


Lo que te puedo asegurar es que esas personas van a trabajar mucho, pero mucho, para comprar sus herramientas de trabajo. Y sí, entre sus aspiraciones está la de tener un primer vehículo de cuatro ruedas, que casi nunca va a ser lujoso, pero que por necesidad van a comprar. Y después de mucho, mucho más trabajo, y tal vez con algún crédito, seguramente podrán comprar algo mejor, la tan nombrada camioneta.


Y como parece que les cuesta entender les voy a explicar que la camioneta no es un lujo ni un berrinche. La camioneta es una herramienta más de trabajo. Porque te quiero ver como llevas desde la ciudad raciones, combustible, productos para el tambo, herramientas, materiales y surtidos de comestibles en un chery qq. Te quiero ver para hacer kilómetros por caminos de balasto y de tierra donde los pozos tienen media rueda de alto en un auto cuyo chasis queda a 15 cms del piso. Te quiero ver cruzar los arroyos crecidos que te cierran el paso en ese auto. Simplemente no se puede. Por eso se compra una camioneta.


Quien elige trabajar en el campo sabe lo que es. El productor rural sabe que se la juega en cada cosa que hace con factores que no puede manejar como el clima, las enfermedades y muchas cosas más. Sabe que la tarea nunca se detiene, que no hay excusa para parar. En la producción rural no hay sábado, no hay domingo, no hay feriados ni hay licencia. En el campo no hay horario, se trabaja día tras día y muchas veces también de noche. Se trabaja a la intemperie con calor y con frío, con lluvia y con barro. En el campo el trabajo y el cuidado de los animales siempre está primero que todo.


Pero nadie lo ve, nadie lo ve porque no sale en la prensa, porque si estás con el barro hasta la rodilla mientras ayudas a parir un animal no te sacás una selfie, porque si corres a resguardar los animales de la tormenta no estás filmando videos, porque si el sol te está cocinando el cuerpo lo único que tratás es de terminar la tarea para ponerte a la sombra, porque si te levantás todos los días a las 00:00, a las 03:00 o a las 05:00 a ordeñar no te quedan muchas ganas de andar protestando, porque cuando no pueden pagar un crédito no salen en la tele a pedir ayudas de todo tipo.
Y sí, no lo niego, capaz que tienen algunas cosas más, pero les doy fe que las hicieron trabajando mucho, mucho más de lo que trabajamos la mayoría, y en condiciones que muy pocos estarían dispuestos a soportar por tener algo más. Entonces, no veo donde está la injusticia, si tiene más el que trabaja más.


El productor rural no se queja por tener que trabajar, porque ama lo que hace y trabaja con pasión. Los productores rurales no piden milagros, no piden imposibles, no piden limosnas, ni subsidios, ni canastas. Piden que no se ningunee su trabajo, que se legisle pensando también en ellos. Piden que no se los recargue, que no se pongan más palos en la rueda que mueve al país, que no se frene a la cultura del trabajo que los caracteriza, que no se los castigue más.
Y me parece perfecto, porque parece que en este mundo si no te quejás es imposible que te tengan en cuenta. Por eso el campo no agacha más la cabeza. EL CAMPO SE PONE DE PIE.

Pd) Y al que tenga muchas ganas de opinar y contradecir sin tener noción de lo que es, lo invito cualquier día de estos a la casa de algún familiar, para que se interiorice un poquito sobre la labor campestre. No sé si lo esperarán muchos lujos, pero trabajo hay para convidar.

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