COCHE POLICIAL 911

Golpes de puño en cráneo y tórax, todo en presencia del pequeño hijo, que jamás olvidará esas imágenes, vecinos comprometidos que llaman a la policía, envían audios de los gritos de la mujer golpeada, vecinos que desde el anonimato se movilizan y dicen que siempre es igual.

Muchas ocultan, no piden ayuda, otras aunque piden ayuda mueren, en mano de su pareja que la cree su propiedad privada.

Actuaciones policiales, móviles, sirenas, detención, pasaje a la justicia, y la ley, votada por anteriores mayorías parlamentarias indican que la justicia puede enviarlos a domiciliaria.

Padres formalizados por atentado violento al pudor y desacato, imposible de imaginar, se apela y se espera resolución de tribunal de alzada, pero mientras tanto en la casa y con el derecho de trabajar.

Uno se pregunta por los derechos de los niños, quien vela por ellos, Inau, las madres, seguro esa es la respuesta porque la policía y la justicia lleguan para investigar y formalizar, mientras tanto el infierno.

Luego un padrastro que abusaba de sus hijastras desde que eran niñas, y uno no puede imaginar esa mente enferma capaz de obtener placer de una criatura, de una inocente, estamos mal como sociedad y convivimos con ellos en diferentes escenarios que ni nos imaginamos, en ambientes comunes en donde sociabilizamos, los tenemos de vecinos, profesores, empleados públicos, padres y padrastros de niños con los cuales convivimos y no nos damos cuenta que son víctimas, y ellos son los degenerados tienen cara de cualquier vecino.

La lacra de la sociedad, los que consiguen estimulación y placer con el golpe, la violación, la conjunción carnal y el atentado violento al pudor.

La sociedad aún no está pronta para discutir, pena de muerte sí o no.

Tampoco para la castración, aunque en caso de estos degenerados muchos dicen que no serviría para nada.

Muchos van a sus casas, vuelven a su vida común, y corriente, y pensamos quién puede garantizar que esto no vuelva a suceder.

Y en el camino las víctimas, niños, niñas, esposas, compañeras, abuelas que jamás podrán ver a sus nietos por la actitud cobarde de sus hijos, las víctimas rotas, destruidas, desechas en vida, marcadas también por la sociedad hipócrita que siempre quiere saber quién, dónde, nombre,   dirección, para marcar, otra marca más, esas que se ven y esas otras que no se ven pero que van por dentro y no se sacan en toda la vida.

La pregunta tendría que ser a la inversa, no preguntar sobre la víctima sino sobre el degenerado.

Estamos rodeados, están ahí, acechando a su próxima víctima.

No sabemos si el comprometerse y la denuncia a tiempo, el involucrarse servirá de algo, pero debemos hacerlo. Denunciar, dar la cara, tal vez podamos salvar aún la integridad de alguna persona que está siendo abusada.

 

Seguirán las denuncias y los degenerados pasando por la justicia, tal vez la condena social sea lo mejor para estas escorias de la sociedad.

Animales le dicen, nunca un animal sería capaz de semejante barbarie.

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