03042014 AP230119289063-300.jpgsaludCARDÍACA

Charlene Porter

Información aportada por la Embajada de los EEUU en Uruguay.


RedactoraWashington — Una red internacional de profesionales médicos ha propuesto llevar a cabo una campaña educativa que aborde las principales causas de muerte en todo el mundo: las enfermedades cardiovasculares (ECV) y otras enfermedades no transmisibles. En la edición de febrero de la revista Circulation, un artículo propone un “enfoque que abarque a toda la sociedad” para reducir la carga sobre la salud pública que suponen las enfermedades no transmisibles, como por ejemplo las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y la diabetes.

Organizaciones médicas, defensores de la salud, gobiernos, comunidades y la industria deben participar en concienciar al público sobre estilos de vida saludable y enfermedades, afirman los autores.

Según el artículo, “la forma de vivir, desplazarse, trabajar y alimentarse de las personas es de suma importancia, y las intervenciones para reducir la exposición a factores de riesgo modificables, así como para abordar los determinantes sociales subyacentes, se deben planificar e implementar ahora para proteger las futuras generaciones”.

La revista Circulation es una publicación de la Asociación Estadounidense del Corazón. En el comité de redactores expertos del artículo “Pasar de la declaración política a la acción en la reducción de la carga mundial de enfermedades cardiovasculares” figuraron representantes de la Federación Mundial de Cardiología, la Asociación Estadounidense del Corazón, la Fundación del Colegio de Cardiología de los Estados Unidos, la Red Europea de Cardiología y la Sociedad Europea de Cardiología.

 

El doctor Sidney Smith, profesor de medicina y cardiología de la Universidad de Carolina del Norte, representó en el comité a la Federación Mundial de Cardiología como presidente inmediatamente anterior de esta organización. En una entrevista, Smith explicó que los profesionales de la salud de Estados Unidos han logrado muy buenos resultados en la reducción de enfermedades cardiovasculares al educar a la población sobre estilos de vida saludables y tratamientos médicos preventivos.

“Reconocer que la prevención del consumo de tabaco, el tratamiento de la hipertensión, el consumo de estatinas para reducir el colesterol y cosas tan sencillas y económicas como los tratamientos con aspirina pueden tener un efecto importante”, sostuvo Smith desde Chapel Hill, Carolina del Norte, donde atiende a pacientes y dicta clases.

En una sesión de 2011 de la Asamblea General de la ONU, los gobiernos adoptaron una declaración política sobre las enfermedades no transmisibles, al reconocer su gravedad y al decidir dar grandes pasos para tratarlas.

En 2013, más de 190 países miembros de la Asamblea Mundial de la Salud adoptaron “25 para el 25”, un conjunto de acciones que tienen como fin reducir en un 25 por ciento la mortalidad prematura a causa de enfermedades no transmisibles para el año 2025. El desafío por delante es ayudar a los países emergentes a alcanzar este objetivo, afirmó Smith.

Según sostuvo, “considero firmemente que debe haber un diálogo en todos los países entre los profesionales, el público y los gobiernos sobre la mejor manera de proceder” para lograr este objetivo de reducción de enfermedades.

De acuerdo con las últimas informaciones de la Organización Mundial de la Salud, las dos ECV prominentes (cardiopatía coronaria y accidente cerebrovascular) causan 13,5 millones de muertes al año. La OMS pronostica que las ECV seguirán siendo una de las principales causas de muerte, puesto que se cobrará 23 millones de vidas o más para el 2030.

Las encuestas muestran que los riesgos para la salud cardíaca difieren en gran manera por regiones y países. Por ejemplo en Sudamérica, la obesidad es uno de los principales factores de riesgo. En China, la hipertensión y el consumo generalizado de tabaco provocan más enfermedades cardiovasculares.

En un trabajo afín, Smith colabora con homólogos chinos en informar mejor al público sobre los factores de riesgo para la salud del corazón. Con 40 años de experiencia en la lucha contra enfermedades cardíacas en los Estados Unidos, Smith ha estado trabajando con profesionales de más de 60 hospitales de China en la reducción de la recurrencia de infartos. El cardiólogo de Carolina del Norte ha ayudado a crear programas educativos para pacientes de ECV que necesitan cambiar sus hábitos para no sufrir infartos o accidentes cerebrovasculares por segunda o tercera vez.

Smith prevé que en el futuro se ampliarán las actividades de prevención de ECV en China para involucrar a más hospitales y ciudadanos en la prevención de un evento que puede ser discapacitante o incluso fatal.

Los desafíos de prevención de enfermedades son mayores en los países emergentes que tienen una infraestructura sanitaria subdesarrollada, de acuerdo con el artículo de Circulation. Históricamente, las enfermedades infecciosas han sido la amenaza sanitaria más apremiante en los países con bajos recursos, por lo que volver a centrarse en las enfermedades no transmisibles probablemente será un ajuste importante.

Los niveles bajos de alfabetización pueden impedir aún más que se transmita el mensaje de autorresponsabilidad y salud, señaló Smith, pero se debe superar el problema.

La relación entre bajos niveles de alfabetización, un nivel socioeconómico bajo y una salud deficiente “está por todo lado”, afirmó Smith. La comunidad internacional de salud, los gobiernos nacionales y locales y los mismos ciudadanos deben implementar iniciativas para superar este desafío.

La OMS y otros expertos califican las ECV como un impedimento para el desarrollo de los países de ingresos bajos y medios por diversas razones. Acaban con la vida o discapacitan a las personas de manera prematura cuando deberían quedarles años de vida productiva por delante. La atención de los pacientes que sufren ECV es costosa y puede contribuir a que se arraigue la pobreza en familias que ya pasan por dificultades.

Además de las dificultades que afrontan los pacientes de ECV y sus familias, la OMS calcula que estas enfermedades y la diabetes juntas reducen la producción económica nacional en casi 7 por ciento.

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