Mayor número de turistas y disminución del empleo en el sector ¿Excepción o consecuencia?

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El Telescopio

Publicado por Arnaldo Nardone el 27/03/2017 |

Parece una paradoja lo que está sucediendo en nuestro país. Mientras festejamos el aumento del número de turistas en Uruguay superando las cifras registradas en años anteriores, se constata un descenso del empleo en el sector turístico. Este fenómeno ha generado todo tipo de reclamos por parte del sector privado y solo ha recibido una mención por parte de las autoridades. Parece oportuno destacar que encontrar una sola respuesta a esta realidad no sería suficiente y debemos entender cuáles son las razones que conducen a esta amarga y triste realidad.

Después de muchos años de crecimiento económico en la región, impulsado por diversos sectores y por ende la lógica reducción del desempleo, se generó un cambio en las condiciones laborales, aumentando sustancialmente la informalidad y por consiguiente produciéndose un fuerte déficit en el trabajo formal.

Según un reciente estudio publicado por la OIT (Organización Internacional del Trabajo) a través de su programa FORLAC (Programa que se creó en el año 2013 para apoyar a los gobiernos y actores sociales con el objetivo de consolidar políticas y estrategias para facilitar la transición de la economía informal a la economía formal en nuestra región) actualmente hay 130 millones de personas en América latina y el Caribe trabajando en condiciones de informalidad, cifra que representa el 47,7 % de los trabajadores. Es evidente, lo que es sabido por varios de nosotros y especialmente marcado por el informe, el crecimiento económico no es la fórmula mágica para resolver este problema tan sensible para cualquier sociedad.

Más allá de las estadísticas y los números sorprendentes que arroja este estudio es imperativo analizar y determinar cuáles son los principales factores que impulsan la informalidad y muy especialmente en que contextos de países esto se acentúa.

En el sector turístico uruguayo habría que analizar en profundidad, por ejemplo, cuales han sido las acciones e incentivos que el gobierno ha desarrollado para alentar a las empresas a estar dentro de un sistema o marco formal y evitar así la emigración casi permanente que el sector ha sufrido en los últimos años hacia la informalidad.

La respuesta es muy clara. No han existido medidas ni incentivos que ayudaran especialmente a las pequeñas y medianas empresas, muy por el contrario el sistema fiscal se ha mostrado cada vez más voraz con una carga tributaria creciente a lo que se ha sumado en forma constante, un acelerado aumento en los costos de los servicios que el Estado provee así como  un elevado costo por la mano de obra que las empresas deben pagar para mantener esos empleos dentro de un marco de formalidad. Todo ha sucedido en un contexto donde el empresariado turístico a pesar de sus constantes mensajes de advertencia y reclamos sobre esta situación no ha sido escuchado por quienes tienen responsabilidades gubernamentales.

Es evidente que el sector turístico ha sido uno de los más vulnerable como consecuencia de todos los factores mencionados y máxime en aquellos destinos dentro del país, donde la estacionalidad marcada limita mucho sus posibilidades. Muchos empresarios a pesar de su tesón, dedicación e incluso pasión por lo que hacen no han podido sostener sus estructuras organizativas, lo que sin dudas constituye una pérdida importante para el país en su conjunto y para el sector en particular.

Hoy existe un amplio consenso dentro del sector, respecto de la vulnerabilidad que sufren y de las dificultades que cada día se acentúan para mantener esa formalidad, la que es tan importante en la economía de cualquier país y para el sector y sus empresas en particular.

A lo que venimos exponiendo, debe sumarse la falta de personal con niveles de capacitación y formación adecuada. Existe un vacío muy importante de conocimiento y habilidades en los recursos humanos, lo que implica en los hechos que estos no puedan acceder a puestos laborales formales y mejor remunerados, generando la lógica marginalización de esas personas que invariablemente transitan hacia la informalidad.

Nuestro país sufre esto especialmente en las franjas etarias más jóvenes y mucho se ha hablado al respecto, pero parece que estamos empeñados en ver una realidad diferente y solo buscar justificaciones a estos problemas en vez de encontrar soluciones para así evitar este desempleo estructural, causado no por falta de demanda sino por la falta de trabajadores con capacidades y conocimientos para cubrir esa demanda.

También, y para nada menor, hay que poner sobre la mesa la obsolescencia en la tecnología y la falta de reconversión de las empresas a efectos de que se ajusten a las nuevas tendencias de la demanda turística que como mencionamos en párrafos anteriores, se hace muy complejo en el contexto de negocios donde las organizaciones buscan mas sobrevivir que pensar en invertir por las cargas de costos elevados que deben afrontar cada día.

El crecimiento del turismo puede convertirse en un espejismo para el crecimiento del empleo formal en la medida que no enfrentemos esta realidad y tratemos de cambiar todos los factores que hoy lo afectan directamente de una u otra forma.

Por todo lo expuesto no puede producir sorpresa que esta situación de baja en el empleo formal exista y que ahora justamente se perciba con mayor énfasis al haber aumentado sugestivamente el número de turistas ingresados en la pasada temporada de verano.

La informalidad debemos reconocerlo, es una alternativa de ingresos para muchas personas que ante la falta de oportunidades deben elegir ese camino, sea por factores sociodemográficos como el nivel educativo, género y por las propias empresas que son incapaces de generar nuevos puestos laborales por los serios problemas que afrontan y que han ido achicando sus estructuras para mantenerse en el mercado.

Lamentablemente los empleos informales en su mayoría se caracterizan por ser de baja calidad e ingresos, generando además una inestabilidad económica en las personas por no recibir un salario justo para al menos cubrir sus necesidades básicas, afectando su condición de vida, generando exclusión y pobreza.

Por eso insistimos desde esta columna en que se debe trabajar en solucionar todos los factores que conllevan a esta situación propiciando acciones que beneficien al sector turístico en su conjunto y que de esa forma las empresas puedan generar más y mejores empleos. Esa ha sido siempre la mayor motivación en el desarrollo turístico de cualquier destino y muy especialmente en nuestro país, crecer de forma ordenada y generar empleo justo y digno que alcance a todos los niveles de la población con excelente distribución de los ingresos llegando a los lugares más recónditos de nuestra patria.

El Uruguay debe pensar seriamente que el incremento de las políticas fiscales y el aumento constante de los costos de servicios al turismo solo conducen al cierre de empresas y por ende aumento del desempleo y el crecimiento de la informalidad. Si a la fecha el Uruguay tiene problemas con barreras como la edad, el nivel educativo, genero, falta de apertura económica no sigamos sumando más problemas como nuevos impuestos y costos elevados de servicios públicos.

Debemos cambiar la perspectiva, buscar nuevas alternativas e incentivos apostando al crecimiento de las empresas turísticas y no al achique, mejorar el nivel educativo y escolaridad de nuestra gente para que pueda acceder a empleos mejor calificados y de mejor remuneración, mayor apertura económica generando más negocios y comercio con otros países, reducción del tamaño del sector público, tipo de cambio real e identificarnos con los modelos exitosos del mercado global siempre comparando nuestro accionar con los mejores. Todo ello en un marco donde se prioriza la calidad y eficiencia de nuestros  recursos humanos y servicios teniendo presente que el turismo es prioritario para Uruguay y su crecimiento no solo se debe reflejar en el aumento de los turistas en las estadísticas sino en la mejora de la calidad de vida y desarrollo de nuestra gente.

Autor: Arnaldo Nardone

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BM/Uruguay: Carreteras uruguayas más seguras y resistentes a los impactos del clima

 banco mundial

WASHINGTON, 27 de marzo de 2017 – En los próximos tres años, Uruguay rehabilitará 890 kilómetros de carreteras nacionales, en tanto que 260 kilómetros incorporarán mejoras para reducir los accidentes de tránsito, en parte mediante un préstamo por US$70 millones aprobado el pasado viernes por el Directorio Ejecutivo del Banco Mundial (BM). La nueva operación utiliza una herramienta financiera denominada Programa por Resultados (PforR, por sus siglas en inglés), que condiciona los desembolsos del préstamo al logro de metas específicas.

Se trata de un financiamiento adicional del Programa de rehabilitación y mantenimiento de la red vial nacional, que continúa brindando apoyo al sector vial de Uruguay para mantener y rehabilitar rutas, caminos y puentes. Incorpora además los componentes de seguridad vial y mitigación del impacto de los efectos climáticos en la infraestructura del país. 

De acuerdo a la Agencia Nacional Uruguaya para la Seguridad Vial, en el año 2015, un total de 506 personas perdieron la vida en accidentes automovilísticos; un 37,5 por ciento de estas muertes ocurrieron en las carreteras nacionales. Por otro lado, la frecuencia de fenómenos climáticos violentos que azotaron el país en los últimos años tales como tormentas severas, ciclones, inundaciones, y temporales ha demostrado la alta vulnerabilidad de la infraestructura de carreteras, que han sufrido las consecuencias de estos desastres naturales. 

Desde el año 2012, a través del Programa de rehabilitación y mantenimiento de la red vial nacional, se rehabilitaron más de 500 kilómetros de carreteras, incluyendo puentes y sistemas de drenaje. El Programa fue implementado por el Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP) y la Corporación Vial del Uruguay (CVU), con el apoyo de diversos organismos internacionales de desarrollo.

Con el financiamiento adicional, el Banco Mundial continuará apoyando los esfuerzos de Uruguay para rehabilitar 890 kilómetros de carreteras nacionales, incorporar mejores normas de seguridad vial que permitan modernizar 260 kilómetros de carreteras, así como proveer mantenimiento anual a 3.000 kilómetros de la red vial nacional. Además, se fortalecerán los sistemas de planificación, de control de calidad de las obras, así como los sistemas fiduciarios, los procedimientos de salvaguardas y la resiliencia climática de la infraestructura vial.

“Carreteras en buen estado, más seguras y más resistentes a los impactos climáticos son críticas para la competitividad de la economía uruguaya, sus exportaciones, la integración del país dentro de las cadenas de valor internacionales, y, por consiguiente, para la creación de empleos sostenibles para los uruguayos, expresóJesko Hentschel, Director del Banco Mundial para Argentina, Paraguay y Uruguay.

En 2012, Uruguay se convirtió en el primer país de América Latina en hacer uso de la modalidad de financiamiento PforR cuya característica principal es vincular los desembolsos de fondos directamente con la obtención de resultados definidos; de esta forma, el dinero se entregará cuando se hayan logrado y verificado los resultados. La otra característica importante de esta herramienta es que apoya fuertemente el fortalecimiento institucional de las agencias ejecutoras, tornando más eficientes sus procesos y sistemas de producción.

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Mortalidad infantil en Uruguay: lo que los números no muestran

Publicado por Cecilia Hackembruch 

EL Telescopio

La primera vez que, en mi profesión, tuve contacto con la muerte de un niño, fue durante mi primera rotación del internado, en el hospital de Maldonado. Llego una señora humilde, con su beba de unos 10 meses arropada, “porque no la podía despertar” después que le había dado de comer una galleta. Los pediatras inmediatamente intentaron reanimarla, por casi una hora, aunque ya era tarde. No olvido el llanto de esos pediatras veteranos. Fue de mis primeros grandes aprendizajes del ejercicio de la medicina. No te acostumbras nunca a la muerte de un niño.

Días atrás se presentaron en el MSP las nuevas cifras de mortalidad infantil (MI), además de otros indicadores de salud materno infantil, prioridad asistencial histórica de nuestro sistema sanitario.

La MI se calcula con el cociente de la cantidad de niños fallecidos menores de un año en un periodo de tiempo dividido la cantidad de niños nacidos en ese año, cociente que se multiplica por 1000.

Hay dos subgrupos que se miden sistemáticamente, porque reflejan una orientación para las políticas a desarrollar. La mortalidad neonatal, que es la más difícil de disminuir, llamada también mortalidad “dura”, y la post neonatal, la que se disminuye con políticas sociales, estrategias de prevención y promoción de salud, así como la aplicación de tecnología.

En Uruguay, la MI desciende en forma permanente en los últimos 50 años, con algunos ascensos puntuales relacionados con brotes epidémicos.

La mortalidad infantil ha sido un desvelo permanente para todos los pediatras, y para quienes han estado a cargo de las políticas públicas sanitarias y sociales, desde muchos años atrás.

En efecto, en 1974 el Dr. Ramón Guerra proponía el Programa Aduana, compuesto por una intensiva actividad de APS en los niños recién nacidos hasta el primer año, y la creación de las unidades de CTI pediátricas. Este programa fue implementado progresivamente, recibiendo un empuje importante de acuerdo al documento que adjunto, entre los años 1995/2000 donde se le incorporaron otros componentes, protocolos, se amplió la cobertura, acompañándolo además de una asignación presupuestal más importante.  http://docplayer.es/14843599-Implementacion-nacional-de-programa-aduana-asse-programa-aduana.html .

El programa continuo su desarrollo, integrando la actividad hospitalaria al primer nivel de atención, con sistemas de referencia y contrarreferencia.

Este modelo de intervención sanitaria se vio ampliado posteriormente con la creación de Uruguay Crece Contigo, comenzando con un plan territorial previo y constituido como nacional en 2012, incluyendo la cobertura a los niños menores de 4 años, y desarrollando fuertemente la educación y promoción para la salud, la lactancia materna, estrategias de soporte nutricional adecuado para un buen crecimiento y desarrollo en la etapa en la que “se juega todo” en la vida de las personas. La transversalidad en este programa vinculando otros ministerios y gobiernos departamentales, caracterizo a las estrategias desarrolladas[1].

Podemos nombrar también el plan de vacunación obligatorio, como otra intervención sanitaria coadyuvante en la prevención activa de enfermedades, algunas de ellas, potencialmente mortales.

De todas formas, podía encontrarse una diferencia en las causas de muerte según el prestador en el que se asistía, vinculado al segmento social del que provenían los niños, entre otros determinantes, que generaba mayor desvelo en los involucrados en la salud de la niñez.

Los jueves en el  Pereira

Entre 2001 y 2007 fui directora adjunta en el Pereira, y desde mi ingreso a esa función me delegaron integrar el comité de auditoría de historias de niños fallecidos en el hospital. Estaba integrado por referentes académicos de más alta formación de la pediatría y pediatría intensiva, así como anatomía patológica. Los jueves, durante largas reuniones, estudiábamos con el máximo grado de detalle cada historia. Las variables eran, diagnóstico, contexto social, situación nutricional, la alfabetización de la madre, el análisis de toda la evolución del niño en cada servicio del hospital, hasta la autopsia. Y con todo a la vista, cerrábamos el análisis haciéndonos dos preguntas, si el fallecimiento era prevenible, y si era evitable (si hubiera podido evitarse por medidas de salud pública).[2] El momento más crítico y discutido de la jornada era cuando tocaba catalogar la historia con esas dos variables. Si el proceso asistencial fue el correcto, si la atención se hizo esperar, si tenía los controles adecuados, si hubo negligencia. Luego de las conclusiones, en algunos casos, nos reuníamos algunos con los padres, especialmente si podía haber algún agente familiar coadyuvante, con el objetivo de prevenir, y también de informarles de lo sucedido.

Luego de casi 10 años de trabajo[3] , surgen las primeras recomendaciones para el desarrollo de intervenciones que pudieran disminuir las muertes evitables. Estas incluían  desde educación y puericultura hasta estrategias de intervención asistencial especifica.

En el periodo de mayor prevalencia de enfermedades respiratorias, para minimizar riesgos de infecciones coadyuvantes, se desarrollaba el plan invierno, y se implementaron salas en cuidados moderados para ventilación no invasiva evitando ingresos al CTI. Estas infecciones eran la primera causa de muerte en el hospital.

Se recomendó reforzar políticas que permitieran profundizar abordajes de niños en situaciones de alto riesgo, y promover la institucionalización del programa MIL, que estudiaba a través de autopsia los casos de muerte inesperada del lactante, para seguir dando elementos para evitar estos desenlaces. En 2009 se promulgo la ley que formalizo este programa. Y desde más o menos el mismo tiempo la experiencia del modelo de auditoria del Pereira se expandió para todo el territorio nacional.

En las publicaciones a pie de esta publicación se detallan más ampliamente el resultado de estos trabajos.

La mortalidad evitable en el Pereira paso de ser mayor al 40% al inicio de estos estudios, al 16% en 2010[4], y siguió en franco descenso.

Que pasó en 2016?

La MI en 2016 fue de 7.99, habiendo sido un poco menor, 7.22, en el 2015. En números absolutos, esta tasa fue modificada porque hubo en 2016, 9 niños fallecidos más que en  2015.

Japón ostenta la MI más baja, siendo de 2, los países con mayor desarrollo, 5, el resto de Sudamérica, 19 y el mundo, 36.

En 2015 el 64% de los niños fallecieron por causas perinatales, y por malformaciones congénitas.

Esta cifra fue de 78% en el 2016.

Esto significa, que casi el 80% de los fallecimientos en 2016 fueron causados por las patologías más difíciles de combatir, y eran difícilmente evitables. Dicho de otra forma, las muertes evitables bajaron drásticamente en 2016, si lo comparamos con 2015.

La desigualdad en el case-mix de la MI, 5.4/mil  en el periodo post neonatal en 2007 al 2.6 en 2016, implica un enorme progreso en las fases más exigentes de la MI.

Hoy el desafío es el tratamiento y detección de las causas “duras” de mortalidad, las malformaciones y las asociadas al periodo del nacimiento.

Queda seguir por este camino y profundizarlo,  procurar detección precoz de las malformaciones congénitas, prevención de prematurez, instrumentar tecnologías para los tratamientos de las repercusiones de las enfermedades.

Los números son objetivos, pero a pesar de la caída sostenida de esta tasa en los últimos años, lamento haber leído en titulares solo que “aumentó la MI 2016/2015”.

Cada niño que muere duele a la familia, en forma irreparable, pero a los protagonistas de los equipos involucrados en su asistencia y cuidado, también. Y la búsqueda de razones, para encontrar nuevas soluciones, es continua.

Todavía recuerdo la pasión que se vivía en esas reuniones de los jueves, aun a 10 años de haberme ido del Pereira.

También puedo volver a percibir el dolor fuerte del alma, al final de la jornada, cuando encontrábamos que se podía haber hecho algo más, en algún punto de la historia del niño que estudiábamos.

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Concurso de Fotografía sobre los Humedales

mapeo ambiental
El domingo 2 de abril vence el plazo para participar del concurso de fotografía sobre los humedales. 
El objetivo del concurso es involucrar, sensibilizar y promover la cultura y la educación en humedales, así como su conservación y uso sostenible


Pueden participar todas las personas aficionadas a la fotografía, mayores de 18 años, que residan en Uruguay
El ganador se hará acreedor y podrá elegir entre un Curso Básico Intensivo de Fotografía o un Curso de Composición y Arte Fotográfico, a cargo de FotoArte Escuela de Fotografía.

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La Orquesta Sinfónica del Sodre continúa su gira

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HOY viernes 24 de marzo a las 20:30hs en el Teatro Sociedad Unión, de la ciudad de San Carlos y el domingo 26 de marzo a las 19hs en el Teatro Municipal de la ciudad de Treinta y Tres son las próximas presentaciones de la Orquesta Sinfónica del Sodre en su gira nacional.

Bajo la dirección de Martín García, la Orquesta Sinfónica del Sodre ejecutará el mismo programa en ambos conciertos:

  • Mozart: Serenata para vientos en mi bemol K 375
  • Mozart: Sinfonía Nº 38 “Praga”

Cuarenta músicos forman parte de esta gira, que  junto al equipo técnico y de gestión suman medio centenar de personas. La Gira continúa en el mes de mayo con cuatro conciertos, siendo el primero de ellos en el Teatro Politeama de Canelones el día 13 de mayo.

El concierto del próximo 24 de marzo en San Carlos será con costo de entradas ya que lo recaudado será para ayudar a la reconstrucción de los daños sufridos por el último temporal.

Por otra parte, el concierto del día 26 de marzo incluido en la gira nacional que se realiza en Treinta y Tres, cierra la primera feria de Artes Escénicas del departamento.

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